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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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Iglesia Joven de la Univ. Adventista de San Pablo 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 



Lección 9 

4 al 31 de Mayo de 2008) 



La ternura de su amor 

Denis Konrado Fehlauer 



Definir el amor no es una tarea sencilla. Las opiniones están encontradas. ¿Está el 
amor relacionado con la pasión, el sentimiento, el compromiso, la complicidad, el com- 
pañerismo, el respeto, o es todo eso y algo más? Hay una definición que podemos en- 
contrar en 1 Corintios 13-7. En este pasaje se describen actitudes interiores que se re- 
velan en la conducta de aquél que ama. Así, para saber si tú eres amado/a, podemos 
observar muy atentamente a otra persona para ver cómo te trata. Descontando las fa- 
llas humanas -aún quien ama comete sus errores- ese es método bastante confiable. 

A partir de esta perspectiva, los evangelios nos proporcionan una radiografía nítida 
acerca del corazón amante de Jesús. La mujer sorprendida en adulterio puede dar fe 
de ello. La situación que se le presentó a Jesús no tenía demasiado margen. La apli- 
cación rígida de la Ley exigía la pena de muerte. El perdón irrestricto haría de Él al- 
guien como esas personas que tratan al pecado de manera negligente y descuidada. 
Pero escribir la vida secreta de los acusadores en el suelo donde ella debía ser casti- 
gada fue un acto de ternura y amor para con todos. Todo eso sin ser tolerante con el 
pecado. Los acusadores comprendieron que no eran mejores que ella, aunque con la 
salvedad de no tener que pasar por la vergüenza de que sus pecados fueran puestos 
a la luz. 

La mujer percibió dos cosas importantes: podemos encontrar perdón en Dios y debe- 
mos -obligatoriamente -dejar nuestras malas acciones; en caso contrario, tarde o 
temprano, comprometeremos nuestra felicidad en nuestra vida, además de la eterni- 
dad. 

Jesús siempre pareció estar del lado del más débil o necesitado. En su último discurso 
antes de ir a Jerusalén, posiblemente en la casa de Pedro (compara Marcos 9:33 con 
Mateo 17:24, 25), algunas personas trajeron a sus hijos para que tuvieran un contacto 
con Cristo. Era costumbre de los judíos llevar los niños ante la presencia de los rabinos 
para recibir la imposición de manos y bendiciones (ver El Deseado de todas las gen- 
tes). Pero los discípulos creyeron que eran muy pequeños para que pudieran aprove- 
char la entrevista. Según su manera de pensar, Jesús tenía cosas más importantes 
que hacer, como predicar el evangelio a los adultos. 

El se indignó con la actitud de los discípulos (Marcos 10:14) y se dispuso a recibirlos. 
De repente, aquellos que se los consideraba una incomodidad se convirtieron en 
ejemplo de las personas que estarán en el cielo. A juzgar por lo que sucede hoy y por 



el entorno de aquella ocasión, el corazón de un niño rara vez es prioritario. No obstan- 
te, el Salvador a los menores al comienzo de la fila. Con ese tratamiento preferencial 
demostró amor, mezclado con una ternura más que dispuesta. En este momento, 
cuando tú lees estas líneas, puede ser que tus hijos te estén pidiendo un poco de 
atención. No dejes de atenderlos. Valdrá la pena. Hablando de esto, voy a interrumpir 
por unos minutos mi actividad de escritor y voy a desearles una buena noche a mis 
hijos. Mejor aún, voy a quedarme un rato al lado de su cama antes que se duerman. Si 
Jesús hizo una pausa en homenaje a los pequeños, ¿por qué nosotros no deberíamos 
hacerlo mismo? 

Jesús no fue cariñoso únicamente con los niños. Un episodio interesante ocurrió en 
casa de los hermanos Marta, María y Lázaro. En lo que respecta a María, no es muy 
difícil percibir la ternura de Cristo. Mientras su disgustada hermana estaba haciendo 
sola sus interminables tareas, le estaba prestando atención a la tranquila alumna que 
estaba a sus pies. Encima, defiende de manera pública de esa actitud, con una apa- 
rente indiferencia: "María, pues, ha escogido la mejor parte, la cual no le será quitada" 
(Lucas 10:42). En su diálogo posterior con Marta la ternura ya no es tan evidente, pero 
aún así, tenemos algunos indicios. 

En primer lugar la repetición del nombre puede indicar afecto, o preocupación. Note- 
mos, por ejemplo, el momento en el que los discípulos y Jesús están tomando la última 
cena. En un momento dado de su discurso, Él se dirige a Pedro con las siguientes pa- 
labras: "Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo. Pero yo 
he rogado por ti, que tu fe no falte. Y tú, una vez vuelto, confirma a los hermanos" (Lu- 
cas 22:31, 32). Jesús no parece estar enojado con Pedro, pero como un Padre que 
busca anticiparse a los actos de sus hijos y desea librarlos de un sufrimiento mayor, 
les revela el futuro de su vida. Saulo también escuchó su nombre dos veces seguidas: 
"Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" (Hechos 9:4). Considerando lo que pasó luego 
en la vida de Pablo, no parece probable que la manera de hablar haya sido ruda, agre- 
siva o en tono airado. 

Así, Jesús debe haberse dirigido a Marta con profundo interés. La actitud de amor y 
ternura de Cristo se manifiesta en el intento de liberarla de su actitud rayanas en lo 
neurótico: "Pero Jesús le respondió: 'Marta, Marta, estás preocupada y turbada por 
muchas cosas" (Lucas 10:41). "Turbada" hace referencia a la ansiedad interior de esas 
que le quitan la paz a las personas. La expresión "preocupada" parece señalar la con- 
secuencia de este innecesario d 



Marta, María y Lázaro eran amigos de Jesús. Amar a los que nos aman es un compor- 
tamiento casi natural. "Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? 
¿No hacen lo mismo los publícanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué 
hacéis de más? ¿No hacen lo mismo los paganos?" (Mateo 5:46, 47). Si el amor puede 
ser observado en nuestras actitudes para con las demás personas, ser solidario con 
quien nos maltrato no es demasiado fácil, pero eso fue lo que Cristo hizo. Eso no signi- 
fica que tengamos la obligación de invitar a personas que no nos agradan a cenar a 
casa, viajar juntos, o salir por allí abrazándose a ellos diciéndoles cosas bonitas. 

En verdad, el amor por otro ser humano se manifiesta cuando la otra persona, aún 
siendo un enemigo declarado nuestro, necesita realmente de nuestra compasión o 
perdón. Jesús no andaba por allí diciendo palabras dulces, u ofreciéndoles préstamos 



a aquellos que lo perseguían. Pero ciertamente oraba por ellos. Y en el momento de 
decidir por la condenación o el perdón, escogía darle una oportunidad más. Su oración 
es un buen ejemplo de esto: "Y Jesús dijo: 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que 
hacen'" (Lucas 23:34). 

A veces, en determinadas ocasiones, Cristo condenó públicamente los pecados de sus 
amigos o enemigos. Hay personas que no tienen problema alguno en señalar los pro- 
blemas ajenos. Especialmente si el otro no es demasiado simpático con sus ideas. 
Generalmente, esas personas no se dirigen a los que se equivocan, sino que esparcen 
las malas noticias por todos lados. Otros no se sienten demasiado cómodos en con- 
frontar a las personas a las que aman. Jesús iba directo a la enfermedad y el camino 
de la sanidad. Eso era evidencia de ternura y amor por los corazones endurecidos. 

Hay gente que sólo se da cuenta del precipicio al cual se está dirigiendo cuando se lle- 
va un susto. Pero tengamos cuidado de no andar diciendo por allí que estamos en 
condiciones de hacerlo tal como Jesús. El leía los corazones. Tú y yo no estamos en 
condiciones de hacer eso. 

Entonces, es cuestión de amar, y de actuar con cautela, especialmente si es necesario 
que le abramos los ojos a quien esté en pecado. "Os envío como ovejas entre lobos. 
Sed prudentes como serpientes, y sencillos como palomas" (Mateo 10:16. 

Denis Konrado Fehlauer 

Pastoral Universitaria 

Universidad Adv. de San Pablo 

Traducción: Rolando D. Chuquimia 
© RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 



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